La Nuestra Espiritualidad

Queremos siempre ser mas como Jesús, asumiendo en nosotros sus mismos sentimientos. Esto se traduce en huellas simples que orientan nuestro camino siguiendo a Jesús.

 

 

‘Estoy en mi lugar?’

Hemos descubierto que Dios tiene un proyecto de amor en cada uno de nosotros. Cada persona es una pequeña pieza insustituible en el maravilloso mosaico de la creación. Por esto nos preguntamos en cada momento si estamos ocupando nuestro lugar como Jesús

 

 

 

‘Confianza en la providencia’

¡En el Cielo Alguien piensa en nosotros! Dios cuida de cada hijo suyo con amor de Padre. Como Jesús, reconocemos que Dios actua en cada situación como un verdadero papá atento.

 

‘La cura del sol’

A Cada dia dedicamos tiempo a la adoración frente a la Eucaristía, para recibir el “color” del Señor y pensar, sentir y hablar como Jesús.

 

‘Háblalo con Él

Antes de cada acción y de cada decisión, nos dirijimos a Jesús para que nos ayude a entender la voluntad del Padre en nosotros. La oración es un dialogo conciente y personal con Dios, para aprender a pensar, sentir, hablar y actuar como Jesús.

 

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Con Cristo en el corazón, en la familia, en el trabajo

De este modo Jesús se convierte en el centro de nuestra vida cotidiana. Cada ambiente y cada relación son el lugar en el cual podemos reconocer a Dios, escondido en el misterio de cada persona que encontramos, para aprender a amarla como Jesús.

 

Unidos en la caridad

La “transfusión” del amor de Dios en nosotros nos hace capaces de vivir como hermanos y hermanas, en el servicio reciproco, para contribuir a crear una humanidad mas justa y fraterna.

 

La caridad entre nosotros genera la unidad como Jesús con el Padre y el Espiritu Santo. La unidad contagia cada persona de buena voluntad, haciendola signo e instrumento para generar la gran familia de los hijos de Dios.

 

‘Perdona, comprende, soporta, ayuda y para todos ten una sorrisa’

La caridad se traduce en actitudes simples y cotidianas, que se hacen amar como Jesús no en los hechos extraordinarios, más bien en lo ordinario de nuestras relaciones.

 

 

Ama a cruz’

Somos concientes que el amor debe, a veces, pagar el precio de la renuncia y del sacrificio.

No siempre la vida es facil. Contemplamos entonces el crucifijo, para aprender a amar como Jesús incluso cuando nos pide de encontrarlo muerto y resucitado por nosotros en los sufrimientos y en las dificultades de la vida.

 

'Mamá, te quiero, hazme santo'

Dios nos quiere santos, como Jesús. El nombre verdadero de la felicidad es propio la santidad. En el camino hacia la santidad nos acompaña y nos sirve de modelo la Virgen Maria, a la cual nos sentimos unidos con afecto filial y a la cual nos dirigimos confiadamente en oración .

 

 

 

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